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¿Quién es la argentina que dirige UNICEF en Latinoamérica y el Caribe? field_506ffb1d3dbe2

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Buenos Aires – Hace casi 20 años que la Dirección Regional para Latinoamérica y el Caribe no es ocupada por un hombre o mujer oriunda del continente. La situación se comenzó a revertir desde el 1 de marzo pasado, cuando asumió sus funciones la argentina Marita Perceval, una filósofa que hasta diciembre fue la embajadora del país ante Naciones Unidas. “Unicef es la organización, junto con el estado de Noruega, más confiable del mundo. Y no es confiable sólo porque trabaje con los niños y las niñas, especialmente los menos aventajados, sino porque no decepciona. Muestra resultados”, sostiene la reciente funcionaria.

Este año la organización internacional cumple 60 años. Conviene recordar que nació en 1946 para dar protección a niños y niñas víctimas de los efectos de la Segunda Guerra Mundial y que posteriormente tomó entre sus objetivos extender su acción a niños y niñas en situación de pobreza en los países en desarrollo. En estas seis décadas de evolución la organización en la actualidad trabaja con 7 mil personas, en 57 países y territorios del mundo. Y se estima que 9 de cada 10 miembros del personal lo hacen en vinculación estrecha con gobiernos nacionales y locales y otros aliados.

Perceval ha tomado la conducción regional como “un gran desafío frente a todos los países y territorios que abarcamos” y “es una enorme responsabilidad que vuelva a existir una persona de América Latina y el Caribe en la dirección”. Y explica que “quiero honrar a la región”. Ha sido su compromiso con el director saliente, el noruego Bernt Aasen, “un gran líder y una exquisita persona, que ha dado su vida a Unicef. Aasen es un gran dirigente en la protección de los derechos de niños”.

Gracias al trabajo de esta organización el mundo ha podido establecer garantía a la vigencia de los derechos intrínsecos de la infancia a un nivel básico de vida, derechos que los dirigentes mundiales definieron en la Convención sobre los Derechos del Niño. Y hasta ahora, Unicef es responsable de haber logrado avances en 13 de los 48 indicadores de progreso hacia la conquista de los objetivos del Milenio, fijados por Naciones Unidas en 2000.

“Somos unas de las regiones más niñas y jóvenes del mundo. Más del 40% de la población son niños, niñas y adolescentes”, apunta Perceval. “Y también se trabaja en prevención del embarazo adolescente, en educación sexual, en métodos sexuales y reproductivos. Esto significa que el 40% aquí en nuestra América Latina y Caribe es una población de niñas y adolescentes y que significan cerca de 230 millones de personas. Y encontramos que casi la mitad de estos niños, niñas y adolescentes viven en condiciones de vulnerabilidad, pobreza e indigencia. A partir de esto es que trabajamos las prioridades  y confiamos no sólo en la contensión sino en la prevención”, afirma.

La misión de Unicef tiene al menos cinco niveles principales en los que vuelca su estrategia. Se trata de áreas interrelacionadas, en la cual el progreso en una incide positivamente en el resto. Como eje global se trata de respaldar la implementación de la Declaración del Milenio. Y bajo ese paraguas contribuye, de manera eficaz, a la lucha contra la pobreza gracias a la promoción y el establecimiento de alianzas que generan inversiones sostenibles orientadas a la supervivencia, el desarrollo y la protección de la infancia.

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