martedì, Settembre 28

Post – Coronavirus: es momento de poner en marcha el “keynesianismo verde” Reflexiones desde Argentina en torno al desarrollo de un New Deal basado en el uso intensivo de energías renovables como combustible para el capitalismo cognitivo

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Como indica Rifkin, así como se superó la crisis del Wall Street en 1930 a través del New Deal y las políticas keynesianas, se requiere un actualización de esta doctrina, ya no centrada en el consumo de petróleo y energía sucia como motor del desarrollo industrial, sino en el uso intensivo de energías renovables como combustible del capitalismo informacional.

En el fondo, se trata de poner a la economía en funcionamiento pero sobre cimientos nuevos. En la madre tierra del extractivismo y la explotación de la naturaleza, la diputada norteamericana Alexandria Ocasio-Cortez presentó esta propuesta en el mismísimo Congreso de los Estados Unidos el año pasado. Tal vez, sea momento de poner en funcionamiento esta nueva doctrina dekeynesianismo verde, no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo.

El futuro de las ciudades

Como bien señala Sennett, el modelo de ciudad sustentable encuentra que algunos de sus aspectos principales entran en tensión con las nuevas necesidades de movilidad urbana a causa del covid-19, por ejemplo el uso de transporte público, desaconsejado en este caso. Por lo tanto, emerge un nuevo modelo de “ciudad saludable” que problematiza diferentes aspectos de la vida social y la estructura urbana hegemónica: densidad poblacional, disponibilidad de espacios verdes, circulación, centralidad, etc. Tal como señalan Menéndez e Higueras, al enfoque ambiental ya incorporado a la planificación urbana hace tiempo en distintos niveles, se le suma un enfoque sanitario cada vez más preponderante.

El modelo de ciudad sustentable centrado en la disminución de la circulación vehicular y la contaminación, ya no alcanza para atender las nuevas demandas de gobernanza urbana en las cuales la conectividad y el uso intensivo de tecnologías de control y vigilancia comienzan a ganar terreno. También surge la necesidad de problematizar determinados espacios que existen en las ciudades pero que normalmente son invisibilizados (cárceles, geriátricos, y asentamientos precarios, por ejemplo) que ahora salen a la luz porque preocupa que se transformen en focos de contagio masivo, lo que revela cierto utilitarismo sanitario antes que humanismo del siglo XXI. Por esta razón, discutir cómo construir ciudades que atiendan la salud, al mismo tiempo que promuevan el uso de energías limpias y formas de vida más sustentable, sin caer en tentaciones autoritarias que maximizan el control, afecten la privacidad y reproducen la segregación, constituye un gran desafío a futuro.

Sassen vuelve a poner el foco en la “urbanización realmente existente” como el eje sustancial del problema. Resulta muy difícil transformar a las grandes ciudades en urbes saludables, por lo que se torna necesario también detener el ritmo de la urbanización y montar estrategias de desconcentración urbana. Discutir el futuro de las ciudades, es discutir el futuro de las formas de habitar el mundo para más del 50% de la población mundial y un 70% en los casos de América, Europa y Rusia.

Discutir la pobreza es discutir la riqueza

Según datos de Oxfam, el 1% más rico del mundo posee más riqueza que el 60% de la población mundial (unas 4600 millones de personas). No sólo eso, ese 1% más rico del mundo se estima que elude hasta el 30% de sus obligaciones fiscales. Es decir, sólo 4 centavos de cada dólar recaudado a nivel mundial se obtiene por medio de impuestos a ésta riqueza.

La contracara de la riqueza extrema es la pobreza extrema: a nivel mundial existen unos 258 millones de niños y niñas en edad de escolarización que no pueden recibir educación, y se mueren por día, unas 10 mil personas por no poder costearse una atención médica1.

El Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP) de Argentina estableció una línea de riqueza que permite estimar el ingreso necesario para eliminar la pobreza, es decir, si se redistribuyera el excedente por sobre la línea de riqueza alcanzaría para que no haya más pobres. El informe elaborado arribó a una conclusión más que interesante: si se redistribuyera aproximadamente un tercio del Ingreso Total Familiar del 0,5% de la población más rica, se eliminaría la pobreza medida por ingresos e incluso los ricos seguirían siendo ricos. El informe indica que por cada persona rica en Argentina, existen 45 personas pobres. Ni siquiera se pone en discusión la riqueza, sino la riqueza extrema.

Las inevitables consecuencias económicas de la pandemia deberían poder poner sobre el tapete este orden económico desigual. No hay posibilidad de financiar un Green New Deal ni atender a los damnificados por la crisis, e incluso pensar en una renta básica universal, sin obtener recursos extraordinarios. Esos fondos no están disponibles sólo en los organismos multilaterales de crédito, existe una abundancia de capitales en cuentas offshore. De acuerdo al informe elaborado por Boston Consulting Group, en América Latina el 70% de la riqueza privada se encuentra alojada en paraísos fiscales del norte desarrollado: Suiza, Hong Kong, Singapur, Estados Unidos, Luxemburgo, Reino Unido, etc. Un verdadero derrame Sur/Norte.

La investigación realizada por Fair Tax Gap2, reveló que sólo seis de las empresas globales más importantes del mundo- Google, Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Microsoft- eludieron impuestos por más de 100 mil millones de dólares durante la última década. Una cuarta parte del PBI argentino en el 2019.

Se torna cada vez más imprescindible un cambio radical en el sistema tributario mundial que pueda apropiarse de esta renta extraordinaria que concentra un grupo selecto de multimillonarios. No alcanza con condonar la deuda externa a los países en vías de desarrollo, hace falta ponerle límites concretos a la riqueza para financiar políticas de distribución del ingreso como la tan nombrada renta básica universal.

Reflexiones finales

Antes de pensar en el bajo crecimiento económico como un fin en sí mismo, una idea seductora pero muy poco productiva, resulta un tanto más sensato pensar cómo construir un orden económico mundial alternativo al actual que considere la posibilidad de reducir el impacto sobre el medio ambiente, que promueva formas de vida más sustentables en términos sanitarios, y que se anime a plantear una distribución más equitativa de la riqueza.

En la medida que se resuelva la disyuntiva entre continuar girando la rueda, intentando recuperar el tiempo perdido, o cambiar el modus operandi de la economía mundial, la expectativa de un futuro distinto al de una distopía orwelliana será posible de imaginar. Como señaló Peter Drucker: “la mejor manera de predecir el futuro, es crearlo”.

Es probable que la mitad vacía del vaso sea proporcionalmente más grande que la mitad llena, pero también es cierto que la fuente de esperanza para construir un futuro viable para la humanidad provenga de esa mitad llena, por más pequeña que hoy parezca.

 

(La primera parte de este artículo se publicó el 06 de mayo de 2020: ‘Coronavirus: consecuencias positivas pero no deseadas de la pandemia’)

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Sull'autore

Patricio Feldman è laureato in Scienze Politiche presso la Facoltà di Scienze Sociali dell'Università di Buenos Aires (FSOC-UBA), Master in Processi di integrazione regionale con specializzazione in Mercosur presso la Facoltà di Scienze Economiche dell'UBA (FCE -UBA) e Dottore in Scienze sociali della stessa istituzione. Membro post-dottorato presso il Consiglio nazionale per la ricerca scientifica e tecnica (CONICET) e membro del programma di ricerca sulla società dell'informazione presso l'Istituto di ricerca Gino Germani (IIGG). Professore a contratto di Economia internazionale presso la Facoltà di Scienze economiche dell'Università del Salvador (USAL) e il corso ‘Società dell'informazione e della conoscenza’ presso l'Università Pontificia Bolivariana (UPB)

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