Milagro Sala, la activista que ni aún en prisión evade la política del populismo field_506ffb1d3dbe2

El fiscal de Estado, Mariano Miranda, afirma que estas cooperativas forman parte con otras entidades similares de “una articulación más grande que las abarca y dirige que es la organización social Tupac Amaru comandada por Milagro Sala, juntamente con otro grupo de personas que la gobiernan, manejan y operan sus actividades”. Y encuadró la situación como una “asociación ilícita, cuyo fin es la comisión de delitos, entre ellos el fraude a la administración pública”.

En el fondo, lo que se discute en Jujuy, así como en buena parte de Argentina, es la correlación de fuerzas de distintos sectores con el poder emergente. Quienes asumieron la administración en diciembre pasado, con Gerardo Morales a la cabeza, no dudan que el fenómeno de la Tupac Amaru no ha sido más que la desnaturalización de la organización, “al desviar su finalidad para utilizarlas como medio para realizar actos ilícitos mediante la comisión de delitos”, según los dichos del fiscal de Estado.

La mirada del periodista Justin McGuirk es más amplia: “Milagro indica que una de las diferencias entre la Tupac Amaru y un movimiento marxista es su dimensión espiritual. Ella no es religiosa, aunque sabe que el mantener viva las tradiciones collas es una de las maneras de mantener unida a la comunidad”. Se refiere al componente indígena de la organización, hoy más cuestionada que nunca.

La caída de Milagro Sala comenzó a poco de cambiar de manos la gobernación de Jujuy. A días de asumida las nuevas autoridades, Sala incentivó movilizaciones y hasta la instalación permanente de militantes frente a la Casa de Gobierno. Se jugaba allí buena parte del destino político de la polémica activista. Y ante esa situación, el flamante gobernador aseguró que se trataba de una extorsión. Días después y cuando ella ya estaba detenida, los ministros de Seguridad y Desarrollo Humano, Ekel Meyer y Ada Galfré, respectivamente, hicieron entrega de la orden judicial para que se realice el desalojo de Plaza Belgrano y calles adyacentes, a los integrantes de la Organización Social Tupac Amaru y otras agrupaciones que desde hace más de un mes mantenían esta medida de fuerza.

La medida tiene alcance en todo el país. Algunas voces, como la del ex miembro de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Raúl Zaffaroni, movilizó en Buenos Aires a manifestantes. En su opinión, la detención de Sala “es un mensaje para toda la sociedad. Guste o no, sea justo o no lo que está pidiendo, lo que se le dice a la sociedad es que si protesta lo voy a meter preso “, aseguró el abogado.

En un punto de vista diferente se expresó el centenario partido al que pertenece Gerardo Morales, la Unión Cívica Radical. “Esto se acabó, se restituyen derechos, regresa la libertad y nadie le debe la vida a nadie; había un ejército civil, a los cuatro días de asumir el nuevo gobierno tomaron la ciudad ante la pérdida de privilegios y el regreso de la transparencia”, dijeron en un comunicado, para respaldar la posición oficial.

Nuevos tiempos soplan en la política de la Argentina del siglo XXI. Pero los resabios de la peor cara de la política del siglo XX acosan a los innovadores. Y en esa marea se mueve Jujuy, casi como una fotografía que también puede verse en buena parte del país.