giovedì, Luglio 29

Madrid, el problema de España, a votación Elecciones de mañana a la Comunidad de Madrid. Madrid pasó de ser una ciudad bucólica a un agujero negro en cuatro siglos y medio. Las elecciones de mañana podrían ser decisivas

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A comienzos del S. XVI, Madrid era una bonita villa de 20.000 habitantes, bastante más pequeña que Toledo o que Valladolid. En 1561, cansado de ir arriba y abajo con su corte nómada, el rey Felipe II la eligió como capital de Castilla y del Imperio. En un centenar de años, su población se multiplicó por ocho, mientras las otras ciudades castellanas, demográficamente hablando, empequeñecían.

A principios del S. XVIII, el rey Felipe V, siguiendo la tradición centralista de los Borbones, quiso convertir Madrid en el centro cultural del país: debía ser la capital de las artes, las ciencias, la erudición y el buen gusto. La monarquía impuso el sistema de justicia castellana y el castellano como lengua administrativa en todo el territorio. Las tierras conquistadas,Cataluña y la antigua Corona de Aragón, tuvieron que empezar a pagar impuestos a Madrid y perdieron sus instituciones propias. Carlos III completó el trabajo de Felipe V haciendo construir amplios paseos urbanos, alumbrado público y construcciones monumentales como la Puerta de Alcalá. Remató la faena con una red radial de carreteras; Madrid es de las pocas capitales europeas que no tienen río navegable y solucionar el problema de las comunicaciones era vital.
A fines del S. XVIII, Madrid representaba un 1,5% de la población de España y se tragaba el 15% del presupuesto de la monarquía. En Madrid apenas había actividad productiva y requería abastecerse de todo tipo de productos, además de centralizar el monopolio de la sal y el tabaco. Las carreteras se hicieron, pues, para emitir órdenes a todo el país y para recibir los aprovisionamientos.

Saltemos dos siglos: Madrid seguía siendo la capital política del país cuando Franco murió y llegó la transición hacia una incierta democracia. Cataluña y País Vasco reclamaban recuperar la autonomía que habían tenido antes de la guerra civil, y el estado reaccionó creando no dos o tres Comunidades Autónomas, sino … diecisiete! Se trataba de aguar las singularidades catalana y vasca. Alguien decidió que Madrid sería también una Comunidad Autónoma, aunque los madrileños no la habían tenido ni pedido nunca. A toda prisa, hubo que inventar una bandera, un escudo, un himno y unas instituciones propias de la Comunidad madrileña, incluido un delegado del gobierno de Madrid en Madrid. Si catalanes y vascos querían café, habría café para todos.
Ahora bien: como sospecha el político vasco Iñaki Anasagasti, Madrid se ha convertido en un el mayor problema de España.

Entendámonos: en Madrid hay barrios obreros como todas las grandes ciudades; gente que trabaja y lucha por una vida mejor. Hay magníficas entidades culturales y un mundo universitario agradabilísimo. Este cronista vivió un año en Madrid, quedó encantado con la simpatía de sus habitantes y conserva allí buenos amigos.
Pero en Madrid vive una legión de funcionarios, la cúpula militar, miles de asesores de grandes empresas adjudicatarias de obras públicas, los peces gordos de la iglesia y la judicatura, la casa real y todos sus sirvientes; están también la mayor parte de las empresas de comunicación, para quienes la verdad no es tan importante como la defensa de sus intereses. Los medios de comunicación de Madrid se deben a sus patrocinadores, públicos o privados.
En definitiva, vive en Madrid una casta improductiva pero elitista, que necesita chupar con avidez del resto del país para mantener sus injustificados privilegios.
Naturalmente, la derecha se siente la legítima representante de esta casta; y no sólo la derecha presuntamente democrática, con el PP y la señora Ayuso, sino la extrema derecha, representada por Vox. España ya se ha acostumbrado a la presencia pública de Vox: salía cada día por las pantallas de televisión, junto a la Fiscal General del Estado, en el Tribunal Supremo. Vox ejerció ignominiosamente la acusación particular contra los presos independentistas catalanes en el juicio por referéndum de autodeterminación.

Contra esta derecha elitista y sociológicamente franquista, se presentan a las elecciones del martes dos partidos de izquierdas: Más Madrid con el señor Errejón, y Unidas Podemos, con el señor Pablo Iglesias; y otro partido, el PSOE, el del presidente Sánchez. El PSOE es teóricamente un partido obrero, pero se mueve al son de las encuestas de opinión y demuestra menos sensibilidad social y ambiental que muchos partidos de derechas europeos. Lidera la lista de este partido el señor Gabilondo, aunque la señora Ayuso ha dirigido la campaña electoral no contra él sino contra el presidente Sánchez, al que naturalmente, espera un día suceder.

Si las izquierdas no suman mayoría absoluta, mandarán las derechas; y si el PP gana, pero no consigue formar gobierno,tendremos la extrema derecha en las instituciones.
El franquismo no fue un paréntesis en la historia de España; es uno de los rasgos sociológicos endémicos de buena parte de la población. Mañana por la noche podremos medir su proporción.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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