mercoledì, Ottobre 27

Madrid, capital de derechas Madrid es la única capital europea más de derechas que el conjunto del País

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Decíamos el pasado lunes, en esta misma sección, que Madrid se había convertido en el principal problema de España. Afirmábamos que la capital está dominada por una poderosa clase extractiva-un ejército de funcionarios, obispos, jueces, militares, políticos, asesores de empresas, banqueros y empresarios del mundo de la comunicación. Esto pasa, en cierta medida, en todas las capitales. Pero en el caso de Madrid, la dimensión del fenómeno es superlativa y tiene unas particularidades que explicarían el curioso comportamiento electoral de sus votantes.
Las elecciones de esta semana han arrojado un parlamento regional donde la derecha y la extrema derecha suman una holgada mayoría absoluta.
En casi todos los países, las áreas metropolitanas suelen ser más de izquierdas que la población diseminada, por la mayor presencia de los movimientos obreros en los cinturones industriales. El politólogo Jordi Muñoz aporta algunas razones de la especificidad de Madrid.
Una razón es precisamente la escasa industrialización del área de Madrid; su economía gira en torno al sector terciario y a la fuerte presencia de los aparatos del estado. En comparación con otras capitales, en Madrid hay más trabajadores de cuello blanco y corbata que de cuello azul: es una economía, la suya, que se podría calificar de postindustrial. Los aludidos aparatos del estado estuvieron controlados por el franquismo durante buena parte del S. XX, y la herencia es visible: los apellidos de las quinientas familias más opulentas e influyentes del país son los mismos que cincuenta años atrás.

Por otra parte, Madrid es el epicentro del nacionalismo español. Madrid siempre ha soñado un país uniforme y ha negado el carácter plurinacional de España. Tener que convivir con las realidades nacionales vasca y catalana produce en Madrid un evidente malestar que degenera, fácilmente, en autoritarismo. A la hora de ejercer la autoridad y reprimir a los disidentes, los partidos de derechas son más contundentes que los de izquierdas. En el Tribunal Supremo, la presencia de Vox -Extrema derecha- como acusación particular contra los disidentes catalanes no desentonaba en absoluto con la Abogada del Estado.
La negación del carácter plurinacional de España, además, condiciona el comportamiento de los medios de comunicaciónque nutren la opinión pública madrileña. El conflicto catalán es explicado de una manera tan absurda que ningún español que lea los periódicos o vea los programas televisivos hechos en Madrid no lo puede entender. Los poderes del estado, que condicionan la opinión publicada a base de subvenciones, se acaban creyendo el relato que sus redactores se inventan -por ejemplo, que la lengua castellana es perseguida en Cataluña. El ridículo que hicieron para evitar pronunciar el nombre de Kosovo en una retransmisión del partido de fútbol oficial de su selección contra la española fue espantoso. España es de los pocos países del mundo que se niega a reconocer a Kosovo, porque la sentencia del Tribunal Internacional que dio pie al nacimiento de este país, reconociendo el Derecho a la autodeterminación, se podría aplicar perfectamente a Cataluña y al País Vasco.
Con estos referentes, a
la opinión pública madrileña le cuesta comprender ciertas publicaciones, como la portada del día 5 de mayo, del ‘New York Times dedicada a Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, asociación catalana que reúne cientos de miles de socios en defensa de la lengua y la cultura. Tras explicar el juicio político contra Cuixart, condenado a nueve años de prisión por haber organizado una manifestación reivindicativa, el rotativo neoyorquino ponía en cuestión la imparcialidad del Tribunal Supremo. La mayoría de diarios de Madrid ignoraron la cuestión o la tergiversaron.
Y no olvidemos que, además de Cuixart, ocho políticos pacifistas y demócratas catalanes siguen en las cárceles, y unos cuantos más sufren exilio desde hace tres años y medio.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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