mercoledì, Ottobre 20

La OTAN se acerca a las líneas geopolíticas rojas de Rusia field_506ffb1d3dbe2

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Esta política no solo en Rusia es así percibida, sino que autorizados autores occidentales, insospechados de falta de realismo, han advertido sobre las consecuencias de haber ido más allá de lo recomendable en relación con la ampliación de la OTAN, por caso, por citar a uno de ellos, John Mearsheimer.

Es que desde la perspectiva realista en relaciones internacionales (o acaso más apropiadamente interestatales), la ampliación indefinida de la Alianza Atlántica se ha acercado a las líneas rojas de Rusia, y, una vez más, este país ha vuelto a sentir que el mundo es un lugar peligroso para ella. Por ello, un funcionario conocedor de la experiencia y del realismo hubiera desaconsejado la práctica de toda política de poder sin restricciones por parte de Occidente.

Algunos expertos en Rusia consideran que la desgracia o fatalidad de este país ha sido la violencia; por caso, la citada autora francesa considera en su obra “Le malheur russe. Essai sur le meurtre politique” que la historia de este país bien puede ser explicada desde el asesinato político, desde el mismo crimen e intimidación

Pero acaso existe otra desgracia o fatalidad rusa que nos permite explicar la historia de este país: la fortaleza pero a la vez su debilidad geopolítica. Con la ventaja adicional de que puede  explicar Rusia hasta la fecha. Porque la tesis de  Carrère d’Encausse nos explicaría el curso de Rusia hasta la desaparición de Stalin. Pero la geopolítica nos explica Rusia en todas sus instancias políticas: durante los tiempos de los zares, durante el ciclo del soviet y, finalmente, durante la Federación Rusa, es decir, de Yeltsin a Putin.

Para Rusia el mundo siempre fue un sitio lugar riesgoso, efectivamente, puesto que más que un factor de fortaleza su espacio nacional (que es más de lo que Frederich Ratzel definía como Estado-continental, es un continente-continental) fue un factor de vulnerabilidad producto de las ambiciones respecto de su hinterland por parte de múltiples poderes externos terrestres y marítimos.

Resulta notable la regularidad de la constante geopolítica en Rusia. Para este país el siglo XX se inicia, transcurre y finaliza con hechos de naturaleza geopolítica que implicaron su propia supervivencia: la derrota frente a Japón fue consecuencia del intento por afirmar esferas de influencia. En 1941 la URSS se enfrentó a una situación de supervivencia nacional producto de una ambición geopolítica enorme; finalmente, la URSS se derrumba, en parte, por la cuestión relativa con la sobre-extensión imperial. E incluso si tratamos de no guiarnos por la rigurosidad temporal secular, acaso las catástrofes o tumultos geopolíticos en Rusia se iniciaron a mediados del siglo XIX, cuando Rusia, la primera potencia terrestre de Europa desde 1812, encontró un freno a su proyección en dirección al Mediterráneo, una necesidad que reaparece hoy como consecuencia del reposicionamiento de Rusia y de sus necesidades de reparación estratégica ante Occidente.

Como en casi toda su historia, hoy Rusia vuelve a sentir que desde afuera lo que era un posible peligro se ha ido convirtiendo en una amenaza directa. Es decir, vuelve a encontrarse en una situación de asedio geopolítico como consecuencia de que fuerzas externas se acercan a sus líneas geopolíticas rojas.

En esta situación, la placa geopolítica de Europa central se está convirtiendo en una de las más inestables en relación con la paz y seguridad interestatales, pues allí no solo se está dando una peligrosa situación de acumulación militar, una fuerte NATO-manía por parte de actores fuertemente anti-rusos, medidas de fuerza cada vez más osadas, etc., sino que una vez más se está removiendo el tradicional sentido de inseguridad de Rusia. Y la experiencia (incluso la más reciente) nos enseña que cuando Rusia se ha sentido insegura por cuerpos externos la réplica fue más allá de la diplomacia.

 

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