lunedì, Maggio 10

La indiferencia europea ante el drama de Siria Siria sufre desde hace diez años el holocausto perpetrado por Bashar al-Assad ante la mirada indiferente de Naciones Unidas y Europa

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Los lectores que hayan disfrutado con las obras de Amin Maalouf (‘Las Cruzadas vistas por los árabes‘) o Walter Scott (‘El Talismán‘) sentirán una fascinación comprensible por la historia de Siria. De hecho, todos los pueblos del Mediterráneo somos deudores de aquellas tierras desde los tiempos de los fenicios; no en balde descubrimos las monedas y la escritura gracias a aquellos grandes comerciantes y marineros. Sin duda, Siria es una de las cunas de la civilización europea.

Desde hace diez años Siria está pasando un calvario. En marzo del 2011 la población se levantó contra su presidente, Bashar al-Asad. Este hombre, que de joven se había especializado en oftalmología y había cursado estudios superiores en Londres, al heredar la presidencia se convirtió en el eje de un sistema corrupto y perverso. La movilización popular contra el régimen produjo lo que se llamó la ‘Primavera Árabe’. A partir de entonces, Bashar al-Asad ha reprimido durísimamente la oposición, ha tachado de terrorista cualquier activista disidente, ha torturado sin compasión sus enemigos y ha bombardeado despiadadamente a sus propios súbditos, sin respetar ni hospitales ni escuelas. El ejército de Bashar al-Asad llegó a rodear poblaciones enteras y sitiarlas para matarlas de hambre.

Ante estos evidentes crímenes de lesa humanidad, ni la Unión Europea, ni los Estados Unidos ni ningún otro país ha hecho nada para intentar proteger a la población siria. Algunos periodistas valientes lo han denunciado reiteradamente, como la española Mónica García Prieto, pero ningún dirigente político ha hecho suya la causa del pueblo sirio. Cuando la cruel guerra civil en que se había convertido el conflicto entre al-Asad y su pueblo alcanzó los 400.000 muertos, la ONU dejó de llevar la cuenta; esto ocurrió en 2016.

Tampoco hemos sabido hacer nada por los 5 millones de refugiados sirios que malviven en condiciones infrahumanas en países vecinos, muchos con la aspiración de llegar a Europa; en el trayecto, son incontables los hombres, las mujeresy los niños que han acabado ahogados en el Mediterráneo, ese mar que había sido surcado por sus barcos, los de los fenicios, tres mil años atrás.

Hoy, Europa se ha convertido en una tierra insolidaria, incapaz de darse cuenta de que los Derechos Humanos deberían ser eso, humanos: para toda la humanidad, y no sólo por los europeos; y cierra sus fronteras a la llegada de inmigrantes, mientras la extrema derecha xenófoba gana adeptos.
Quizás habría que recordar a los ciudadanos de la UE que si cerráramos las fronteras a la entrada de mercancías (energía, medicamentos, pesca, materiales para producir ordenadores y teléfonos móviles) como las cerramos a la entrada de personas, Europa no aguantaría ni tres meses.

Al-Assad es un criminal, ; pero Europa no debería presumir nunca más de losvalores occidentalesque tan ufanamente proclama. Su indiferencia es culpable.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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