martedì, Maggio 11

España: Jaque al rey El confinamiento ha contribuido a que el ajedrez esté de moda, un juego milenario en el que hay que matar al rey. El partido ha durado desde 1975 en España

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La primera medida de confinamiento que afectó mi ciudad, al inicio de la pandemia, fue la suspensión de un torneo universitario de ajedrez. En los meses siguientes, este juego fue la gran solución para pasar agradables veladas durante el toque de queda. Millones de personas jugaron un número incalculable de partidas. Los que tenemos la suerte de convivir con otros jugadores hemos podido utilizar tableros y fichas de madera. La mayoría de aficionados jugaban en línea, poniendo a prueba la capacidad de la red virtual. El estreno de la serie audiovisual basada en la novela de Walter Tevis y protagonizada por Anya Taylor Joy ha puesto el broche a una temporada única.

Cincuenta años atrás, un gran matemático barcelonés solía decir que el ajedrez era excesivamente complejo para ser un juego y demasiado simple para llegar a ciencia. En todo caso, sin la inteligencia artificial desarrollada en los últimos diez lustros sería tarea imposible analizar los millones de posibilidades que ofrece cada partida y elegir siempre el movimiento óptimo. Sobre una base de datos de doscientos millones de partidas realizadas por jugadores de alto nivel, pedí al ordenador que mostrara, para cada movimiento, la jugada más usual. A partir de la jugada veinticuatro ya no había ni dos partidas idénticas. Es, pues, perfectamente plausible afirmar que todas las partidas serias de más de veinticinco movimientos son únicas. Si alguien quiere una definición del concepto “infinito”, la que se acerca más es el número de jugadas posibles en el tablero de 8×8.

Hay varias teorías sobre el lugar y el momento donde este juego fue inventado. En todo caso, parece claro que las piezas y las reglas del ajedrez occidental no han cambiado en los últimos seiscientos años. Y es que el equilibrio entre las diagonales de los alfiles, los peligrosos saltos de caballos y la amenaza de las torres cuando están conectadas, sobre todo cuando una de ellas se instala en la séptima fila, es perfecto. Prever todas las combinaciones de antemano, siempre dependiendo de lo que haga el rival, es un arte sólo al alcance de los grandes jugadores -o un éxito de los algoritmos. Los simples aficionados ya hacemos bastante si conseguimos una amenaza por rayos x o un jaque a la descubierta; suponiendo que no hagamos una mala apertura y nos pasemos la partida intentando tapar goteras.
El objetivo final es abatir al rey. El monarca, lento y torpe, antes de verse acorralado, procura enrocarse. Todo menos abdicar de la corona. Le gusta vivir bien, rondar las cortesanas y cobrar comisiones ilegales, que luego transporta a Suiza para evadir impuestos. Según el reglamento, el Rey es la pieza clave del régimen, pero a las primeras de cambio se queda en un rincón y no se mueve: prefiere ver cómo trabajan los demás.

Que no se pase de listo: las torres, alfiles y caballos republicanos ya le han puesto en jaque. Para evitar la estocada final tuvo que sacrificar a Torres (Diego) y un peón importante: ni más ni menos que su cuñado. Si sigue tonteando, ni su dama consorte le sacará de apuros.

Los catalanes, al ‘toque de queda’ lo llaman ‘seny de lladre’, es decir, ‘sensatez del pícaro’. Pues eso:si los republicanos son sensatos y aprenden atrabajar unidos pueden dar jaque mate, a pesar de lo que diga el reglamento constitucional sobre la inviolabilidad del Rey. Pero hay que aunar fuerzas y coordinar los movimientos de todas laspiezas. Si cada republicano tira por su lado, elRey seguirá enrocado en posiciones de extremaderecha y el régimen se perpetuará. La partida dura desde 1975, con Franco de árbitro desde el infierno. Francamente, ya cansa.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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