martedì, Settembre 21

España: 26 millones de hijos de puta Soldados españoles retirados proponen un golpe de Estado y hablan de disparar a 26 millones de hijos de puta (comunistas, separatistas, votantes de izquierda, sindicalistas, feministas, homosexuales y transexuales)

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Un grupo de 73 militares españoles retirados han enviado una carta al Rey. Por lo que ha trascendido, proponen tomar medidas contra el Gobierno, al que califican de «comunista, con el apoyo de miembros de ETA», organización terrorista disuelta hace años, «e independentistas»;están sugiriendo al Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas la necesidad de dar un golpe de Estado -naturalmente, en nombre de su amor a España y su lealtad al monarca. También hemos sabido que estos 73 distinguidos uniformados comparten un grupo de WhatsApp, donde se intercambian propuestas como la de fusilar veintiséis millones de hijos de puta españoles o bombardear la sede de la Asamblea Nacional Catalana.

Si el Rey fuera persona de cordura, podríatratar de explicar a los militares que lo deEspaña quizás es algo más que una abstracciónmental; un país es un territorio y unos paisajes,pero también sus habitantes; podría intentarhacerles ver que si se aman España, esto no incluyesólo montañas, ríos, ciudades y pueblos, sino también la gente que vive en ellos. Y que si se tiene la idea de fusilar a más de la mitad de la población, es que el país amado no es el país real.Pero lo más probable es que el Rey simpatice con ellos, puesto que en las ocasiones solemnes lucen todos el mismo uniforme. La familia real también ha demostrado su amor a España apropiándose de caudales públicos, evadiendo impuestos ytransportando maletines llenos de billetes a Suiza.

¿Quienes son los 26 millones de hijos de puta a quien querrían fusilar los generales? No hay que ser un lince para adivinarlo: todos los catalanes y vascos que quieren un referéndum de autodeterminación; todos los políticos y votantes de izquierdas, los sindicalistas, las feministas, loshomosexuales y transexuales; probablemente, también todos aquellos que no van a misa a escuchar los sermones sobre el amor al prójimo del Evangelio. Ya se ve que ellos sí van, y que querrían acreditar este amor a base de sentencias de muerte.

¿Sueñan una España sin 26 millones de indeseables? Hay una manera más civilizada de quitárselos de encima: dejar que los 26 millones de hijos de puta dejen de ser españoles y organicen la vida por su cuenta, en una -o varias- repúblicas independientes. Así no deberían aguantar más sus sandeces feministas, socialistas o catalanistas. Cada uno a su casa, y ahorramos pólvora.

Todo esto debe provocar cierta perplejidad en los Países civilizados de Europa. En la Península Ibérica ya es costumbre. La tradición de quemar herejes arraigó profundamente en la cultura española desde los tiempos de la inquisición; Tomás de Torquemada arrancaba confesiones bajo tortura y las utilizaba como prueba para condenar los herejes a la hoguera. El general Ramón María Narváez y Campos, yaciendo en lecho de muerte (1868) decía al cura que le asistía en los últimos instantes: “Perdonar mis enemigos? Pero si no tengo! los hice fusilar a todos! ” (Y éste era del Partido Moderado). Poco antes, el general Baldomero Espartero había expresado la conveniencia de bombardear Barcelona cada cincuenta años.

En pleno siglo XXI no ha habido adelantos relevantes. El Tribunal Supremo ha cambiado el uniforme y los fusiles por la toga y las sentencias; en consecuencia, no fusila: imputa delitos inexistentes a los disidentes y les condena a prisión por sedición.
Mientras este cronista redactaba estas líneas se ha sabido que
el Supremo ha decidido negar a los presos políticos catalanes la posibilidad de acceder a permisos penitenciarios para salir a trabajar.
Esa es la España que aman los militares. ¿Comoquieren que millones de catalanes y vascos noansíen librarse de ella?

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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