venerdì, Aprile 16

Coronavirus: consecuencias positivas pero no buscadas de la pandemia Reflexiones desde Argentina para la construcción de un orden economico mundial post-pandemia que evite la extinción del ser humano

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A raíz de la pandemia del covid-19 y las medidas de aislamiento, la caída de la actividad económica mundial se va profundizar a niveles que podrían superar, incluso, la caída registrada a partir del estallido financiero de Wall Street en 1929 y la crisis financiera internacional de las hipotecas basura en 2008. Según el FMI, el derrumbe de la economía podría superar el 3% para el 2020, una cifra similar a la registrada en 1930, y bastante mayor a la caída registrada en 20091. De acuerdo a los datos del Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio (OMC), el PBI mundial creció de manera sostenida durante el periodo 1990-2019, sólo se registró un declive a raíz de la crisis financiera internacional entre 2008 y 20092. Si se considera al comercio internacional como un motor del crecimiento de la economía mundial, el panorama se torna un tanto más incierto. Según la OMC, se prevé un descenso entre el 13% y 32% en el comercio mundial de mercancías para este año, de acuerdo a una hipótesis optimista y otra pesimista.

De todos modos, el propio FMI remarca que para el 2021 el crecimiento podría ser superior al 5%, lo cual indica la posibilidad de una pronta recuperación en el caso de que la pandemia sea controlada y aparezca una vacuna para el año próximo. En la misma sintonía, la OMC señala que el comercio mundial podría registrar un rebrote significativo que empuje el crecimiento del PBI mundial en el 2021 (un 21% en la hipótesis pesimista y un 24% en la optimista). La economía podría recuperarse, no así las vidas que ya se perdieron: unas 233.522 mil3 en lo que va del año. Pero además, como bien indico Angela Merkel: “No estamos viviendo la etapa final de esta pandemia, sino el comienzo4.

Más allá de las comparaciones históricas y proyecciones a futuro, está claro que el descenso en la actividad económica mundial va a ser fuerte y pronunciado. Las medidas que tomen tanto los gobiernos como organismos internacionales podrán- en todo caso- achatar la curva, del mismo modo que se pretende hacer con la circulación del virus sólo que en sentido inverso. También es cierto que tanto el impacto económico como la posibilidad de reactivación no serán igual para todos los países. Para Argentina, el mismo FMI prevé una caída que duplica a la caída de la economía mundial, un 5.8%, un número similar para toda la región de acuerdo a las proyecciones de la CEPAL5.

Si bien se trata de un shock sistémico, los coletazos de la crisis responden a la dinámica propia de las relaciones asimétricas de poder y las divergencias en los procesos de desarrollo. Enfrentar una caída de la actividad económica para un país con 40% de pobres como Argentina, implica desafíos mucho más complejos que para aquellos países donde la pobreza es del 5% o incluso inferior, como Alemania o los países nórdicos. Tampoco es similar la posición para aquellos países que enfrentan crisis de deuda como Argentina o Ecuador, como para otros que tienen capacidad de acceso al financiamiento externo.

Como bien señala Florencia Benson, existen dos caminos posibles para la definición del orden económico post pandemia con resultados muy distintos para los países periféricos: se mantiene todo igual a como veníamos antes de la pandemia, lo cual recrudecerá las enormes diferencias socioeconómicas entre regiones y clases sociales y la explotación intensiva de los recursos naturales, generando, en palabras del propio Harari, una distinción cada vez más violenta entre una especie humana de súper ricos que van a lograr incrementar de forma notable su esperanza y calidad de vida, y una gran mayoría de súper pobres, condenados a la marginalidad absoluta; o por el contrario, comienza un periodo de transición hacia un capitalismo de rostro más humano, en el cual se condone la deuda a los países subdesarrollados, se incrementen los controles a los capitales especulativos y se diseñen herramientas de política pública para atender a la población más afectada por la crisis.

Pero observar sólo los datos de la economía, implica mirar la mitad vacía del vaso. Hay otra mitad del vaso que resulta necesario evidenciar. No se trata de transformar un escenario negativo en positivo, sino, por el contrario, explicitar las enormes deficiencias del sistema-mundo en el cual estamos inmersos, donde la inercia de su despliegue se torna incompatible con la Agenda de Desarrollo Sostenible que plantea la ONU. Es llamativo que el mundo para funcionar necesita contaminar, afectar la calidad de vida de millones de personas, contribuir al crecimiento del calentamiento global y a la larga, favorecer, tal como indica Jeremy Rifkin, la propia extinción del ser humano: ¿es ésta la economía que queremos recuperar?

La caída de la actividad económica, producto del aislamiento, expuso tres fenómenos que merecen ser reconocidos en tanto reflejan, tal como señala Naomi Klein, la crisis del mundo antes de entrar en crisis:

Reducción de la emisión de gases de efecto invernadero

Greenpeace remarcó que producto de la pandemia, las emisiones de C02 en China bajaron a una cuarta parte de lo generado en 2019, entre principios de Febrero y Marzo de este año. Algo similar está sucediendo en Estados Unidos y Europa. Las razones son muy concretas: bajó la actividad industrial y la movilidad de las personas que constituyen las fuentes más relevantes de emisión de estos gases. De todos modos, la propia ONG aclara que la emisión por parte de los hogares creció y que por lo tanto, el asunto está lejos de estar resuelto6. Además, la ONU alerta que los planes de reactivación previstos para cuando la pandemia termine, podrían compensar fácilmente la reducción en esta emisión7.

Más allá de las pocas esperanzas de que la situación cambie por arte de magia, lo cierto es que la relación entre la merma de la actividad económica y la reducción de los gases de efecto invernadero invita a pensar cómo construir un modelo de desarrollo que sea compatible con la preservación del medio ambiente. A la falsa dicotomía entre economía y salud, habrá que anteponer la verdadera dicotomía que atravesamos hace mucho tiempo entre economía y medio ambiente.

Se registra una mejora en la calidad del aire que se respira

El Real Instituto Meteorológico holandés (RKMI) midió los impactos de la cuarentena en Europa sobre la calidad del aire que se respira, y demostró que entre el 14 y el 25 de marzo de 2020, comparado con similar periodo del 2019, bajaron notablemente las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2). La NASA arroja imágenes que reflejan un descenso aún más significativo en la emisión de estos gases, en la ciudad de Wuhan, donde inició la pandemia.

Estas reducciones se deben principalmente a la baja actividad industrial y de tráfico vehicular. En América Latina, por ejemplo, un 37% de la contaminación del aire proviene de las emisiones del transporte, por lo tanto los resultados que se esperan en términos de mejorar de la calidad del aire son aún más significativos en ciudades como Santiago de Chile, Buenos Aires, y Lima, por ejemplo.

Si bien resulta muy difícil medir los impactos en el largo plazo y sobre la salud humana, es de esperar que una mejora en la calidad del aire colabore a reducir enfermedades respiratorias. De hecho, un estudio realizado por la Universidad de Harvard demostró que los pacientes norteamericanos que viven en zonas con peor calidad de aire, tienen más posibilidades de morir por covid-19 que aquellos que viven en lugares donde el aire es más limpio. Si bien, se trata sólo de un estudio y siempre es recomendable esperar para obtener conclusiones con mayor evidencia empírica, lo cierto es que no hace falta ser una eminencia científica para darse cuenta que la contaminación del aire tiene una relación estrecha con la actividad económica y la circulación de las personas, y que por ende, mejora cuando ésta se frena8.

Interrupción de algunas problemáticas que afectan a las grandes ciudades como los siniestros viales, la índices de delitos (robos, homicidios, etc.), y la contaminación sonora

De acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el año 2018, alrededor de 1.35 millones de personas fallecieron a causa de accidentes de tránsito9. Los números del actual 2020, seguro que serán inferiores en una proporción considerable. Por ejemplo, para el caso de la Ciudad de Buenos Aires, de acuerdo a datos provistos por la Secretaría de Transporte y Obras Públicas, el mes de marzo terminó con la menor cantidad de víctimas mortales respecto al mismo mes de los últimos tres años, la cantidad de siniestros totales cayeron un 34% en toda la ciudad y hubo una disminución del 100% de incidentes fatales.

En relación a los homicidios y/o robos, la situación es similar. La tasa de homicidios bajó significativamente en todo el mundo a raíz del covid-19, producto de una baja del narcomenudeo, y los robos violentos. En ciudades de distintas latitudes, muchas de ellas caracterizadas por los altos índices de violencia urbana- como Chicago, Nuevos York, Lima, Medellín, El Salvador, Ciudad de Buenos Aires, entre otras- los homicidios llegaron a descender más de un 50% en tan sólo un mes. Sin embargo, la violencia que aún persiste y se ha profundizado es la doméstica y de género que afecta seriamente a millones de mujeres en todo el mundo. Pero se trata de violencia de género y no responde a la dinámica específica de las grandes ciudades, donde gran parte de la violencia tiene un sustento socio-urbano.

Por último, en relación a la contaminación sonora, el impacto es contundente. En la Ciudad de Buenos Aires, ubicada entre las diez ciudades más ruidosas del mundo de acuerdo al estudio realizado por Mimi Hearing Technologies, la Secretaría de Ambiente reveló que los niveles sonoros diurnos se redujeron entre un 16% y un 36% comparado con los valores de los días previos al inicio del aislamiento. Estos números se ubican en torno a los 50 decibeles, un nivel aceptable para no afectar la audición de acuerdo a la OMS y bastante inferior al promedio que se ubica en torno a los 70 y 75 decibeles, dependiendo del barrio.

Se trata de una curiosa paradoja: estamos reduciendo el impacto sobre el medio ambiente, colaborando en aminorar el daño sobre nuestro entorno por primera vez en mucho tiempo, beneficiando nuestra salud también, pero no podemos percibir ni disfrutar de estas acciones porque estamos encerrados en nuestros hogares. Una verdadera metáfora de la propia decadencia humana. Que la metáfora no se transforme en una tragedia griega, depende de cuánto logremos aprender de esta crisis para cambiar todo lo que deba ser cambiado. El ser humano forma parte del ambiente, lo integra, se nutre de él y también puede contribuir a protegerlo. Se trata de un verdadero desagravio a la inteligencia que la única vía para respetar y conservar el planeta, sea desapareciendo de él.

A los procesos descriptos- que podríamos considerar “consecuencias positivas pero no buscadas” de la pandemia- se le suman tres grandes desafíos en la construcción de un orden social y económico post-pandemia. Se trata de mirar la totalidad del vaso y no quedarnos únicamente con algunas de sus mitades:

 

 

1 Datos obtenidos de: https://www.imf.org/es/Topics/imf-and-covid19 (acceso el 26/04//2020)

3 Datos obtenidos de https://www.worldometers.info/coronavirus/#countries (acceso el 30/04/2020)

9 Datos obtenidos de la OMS: https://www.who.int/publications-detail/global-status-report-on-road-safety-2018 (acceso el 25/04/2020)

 

(Esta es la primera parte de un servicio para dos. La segunda se publicará mañana)

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Sull'autore

Patricio Feldman è laureato in Scienze Politiche presso la Facoltà di Scienze Sociali dell'Università di Buenos Aires (FSOC-UBA), Master in Processi di integrazione regionale con specializzazione in Mercosur presso la Facoltà di Scienze Economiche dell'UBA (FCE -UBA) e Dottore in Scienze sociali della stessa istituzione. Membro post-dottorato presso il Consiglio nazionale per la ricerca scientifica e tecnica (CONICET) e membro del programma di ricerca sulla società dell'informazione presso l'Istituto di ricerca Gino Germani (IIGG). Professore a contratto di Economia internazionale presso la Facoltà di Scienze economiche dell'Università del Salvador (USAL) e il corso ‘Società dell'informazione e della conoscenza’ presso l'Università Pontificia Bolivariana (UPB)

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