venerdì, Maggio 14

Chile y el caso Karadima field_506ffb1d3dbe2

0
1 2 3


Santiago de Chile – En abril de 2010, el médico James Hamilton, el sociólogo José Andrés Murillo y el periodista Juan Carlos Cruz se quasi inmolaron frente a toda la sociedad chilena al revelar en varios canales de televisión públicos y prensa los abusos sexuales a los que fueron sometidos por parte del párroco de la Iglesia Sagrado Corazón de El Bosque de Santiago, Fernando Karadima.

Considerado un ‘santito’, Karadima estuvo al frente de El Bosque desde los años 80 aún en dictadura con Augusto Pinochet y fecha desde la cual supuestamente ocurrieron los abusos), hasta el año 2006 (ya restablecida la democracia), cuando se retiró a los 76 años de edad.

Sus misas y retiros eran ampliamente valorados y famosos por la sociedad católica de la época. Algunos de los formados por el sacerdote ocupan hoy altos cargos de la jerarquía eclesiástica chilena, como Juan Barros Madrid, actual Obispo de la Diócesis de Osorno; Andrés Arteaga, obispo auxiliar de Santiago; Horacio Valenzuela, obispo de Talca, o Tomislav Koljatic, obispo de Linares.

Ese abril de 2010, la prensa se convertiría en altavoz de un escándalo que retorcería las entrañas del clero chileno al publicar los testimonios de algunos de las víctimas del párroco. Aún sin cerrar, el llamado ‘caso Karadima’ ya se ha plasmado en la película El Bosque de Karadima’, vista por más de 330.000 personas en Chile (todo un éxito si se tiene en cuenta que de las 10 películas chilenas más vistas de 2014 sólo una comedia superó los 300.000 espectadores y el resto no cruzaron la línea de los 100.000).

L’Indro conversó con su director, Matías Lira, quien también ha dirigido la serie de tres capítulos sobre el mismo caso, emitida a finales de septiembre por el canal de Chilevisión.

 

Matías, ¿qué aborda en la serie que no esté dicho en la película?

En la serie, me pude explayar en más aristas. Vemos a más víctimas; la trama periodística, que fueron los que destaparon el caso, y la trama eclesiástica del poder, acerca de cómo protegieron este caso. Como realizador y director, me siento más tranquilo con la serie que con la película, porque puedo explicar más cosas. Con el largometraje, uno tiene que seleccionar.

El Bosque de Karadima’ muestra los abusos sexuales cometidos por parte de un párroco. Sin embargo, no terminas con una sensación de repudio hacia la Iglesia…

Es que la película habla de los abusos de poder, y de cómo ciertas personas usan la facilidad que les da la institución (eclesiástica) para abusar. Yo soy católico. Conozco la Iglesia de verdad, la que hace una labor social muy fuerte para la comunidad. No toda la Iglesia es así. Hay quien usa ese poder de manera positiva. El film va contra ese círculo de poder que está usando la institución -y esto lo dice el mismo Papa- para abusar.

Y, ¿tuvo repercusión? ¿Te han llamado del Vaticano o la cúpula de la Iglesia chilena?

No. Pero la película tuvo tanta fuerza que la Iglesia chilena tuvo que rehacer los protocolos internos de cómo actuar cuando hay abusos.

El personaje principal, ¿representa a alguna de esas víctimas? ¿Hay algo de ficción?

No hay ficción. Víctimas públicas hay cuatro o cinco, pero yo estuve con muchas más, que decidieron no hablar porque los casos estaban prescritos y no iban a sacar nada. Fusioné muchos de esos relatos en mi protagonista. Es una mezcla.

Quizás, al usar un solo personaje se puede profundizar más en su historia, lo que ayuda a empatizar…

Quería mostrar a un ser humano perverso, que usa la confesión, donde un católico está más expuesto a sus secretos y dolores, para luego extorsionar a sus víctimas. Los planos cerrados; las imágenes de esa secta (refiriéndose a la Iglesia de El Bosque), que tiene su comedor, su biblioteca, sus habitaciones; la ausencia de escenas de catarsis, porque ahí hay alivio, generan un look angustioso. Pero es que las víctimas viven así. Angustiadas.

L’informazione che non paghi per avere, qualcuno paga perché Ti venga data.

Hai mai trovato qualcuno che ti paga la retta dell’asilo di tuo figlio? O le bollette di gas, luce, telefono? Io no. Chiediti perché c’è, invece, chi ti paga il costo di produzione dell'Informazione che consumi.

Un’informazione che altri pagano perché ti venga data: non è sotto il Tuo controllo, è potenzialmente inquinata, non è tracciata, non è garantita, e, alla fine, non è Informazione, è pubblicità o, peggio, imbonimento.

L’Informazione deve tornare sotto il controllo del Lettore.
Pagare il costo di produzione dell’informazione è un Tuo diritto.
"L’Indro" vuole che il Lettore si riappropri del diritto di conoscere, del diritto all’informazione, del diritto di pagare l’informazione che consuma.

Pagare il costo di produzione dell’informazione, dobbiamo esserne consapevoli, è un diritto. E’ il solo modo per accedere a informazione di qualità e al controllo diretto della qualità che ci entra dentro.

In molti ti chiedono di donare per sostenerli.

Noi no.

Non ti chiediamo di donare, ti chiediamo di pretendere che i giornalisti di questa testata siano al Tuo servizio, che ti servano Informazione.

Se, come noi, credi che l’informazione che consumiamo è alla base della salute del nostro futuro, allora entra.

Entra nel club L'Indro con la nostra Membership

Condividi.

Sull'autore

End Comment -->