martedì, Settembre 28

Chile: hacia la gestión de catástrofes

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Santiago De Chile – Pese al vasto Pacífico que los separa, Japón y Chile están conectados. Les une un vínculo sísmico. Ambos son países con altos movimientos telúricos y, cada vez que se desplazan las placas en un lado del océano, saltan las alarmas por riesgo de tsunami en el otro.

Tres de los seis peores terremotos del siglo XX y XXI han ocurrido en estos dos países. El de 1960 de 9.6 grados en el escala de Richter ocurrido al sur de Chile, el de mayor intensidad de la historia desde que existen registros; el de 9.0 en Japón en marzo de 2011 y el de 8.8 de nuevo en Chile en 2010. Éste último duró tres minutos, provocó un tsunami con olas que alcanzaron los 30 metros y dejó 157 fallecidos. En el de Japón, las víctimas ascendieron a 18.500 personas, la duración fue de 6 minutos y las olas registradas llegaron a 56 metros.

Fue después de estos dos grandes terremotos que ambos países, con una trayectoria de colaboración desde los años 90, decidieron apoyarse y trabajar conjuntamente en materia de seísmos para mejorar cómo afrontar este tipo de desastres. En 2011 “firmamos un convenio para desarrollar un proyecto de intercambio de conocimiento e investigación con desarrollo de tecnología, preparación y resiliencia en materia de tsunamis“, cuenta el jefe del departamento Bilateral y Multilateral de la Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AGCID), Enrique O’Farrill-Julien.

Ese proyecto dio paso a un segundo: Kizuna, con el que formar a 2.000 profesionales de toda América Latina y El Caribe en prevención y reducción del riesgo de desastres naturales. Un programa de cinco años que se anunció el pasado 13 de octubre, Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales.

Chile coopera con América Latina“, recalca el representante de la AGCID en conversación telefónica con L’Indro, pues el proyecto Kizuna, con una inversión aproximada de cinco millones de dólares compartidos entre Chile y Japón, pretende mejorar la capacitación de los profesionales en otros países de la región.

Kizuna (lazo en japonés) consta de tres fases. Cursos de formación de mediana y larga duración que impartirán universidades chilenas con profesores nipones y del país andino; cursos cortos dirigidos a las instituciones que lidian con este tipo de emergencias, y la creación de una red de intercambio de información para facilitar la cooperación entre las instituciones relacionadas. Es un “proyecto ambicioso“, reconoce O’Farrill-Julien, que busca preparar mejor a los países ante un evento que difícilmente se puede predecir. Entre sus objetivos está “reducir los costos que se incurren en la reconstrucción” después de una catástrofe, aunque se desconoce en cuánto se podría disminuir dicho presupuesto pasados este quinquenio del programa.

Antes de colgar, y más distendidos, Enrique O’Farrill-Julien reconoce que el país se está esforzando por cambiar el titular ‘Chile, país de catástrofes‘ por el de ‘Chile, país de gestión de catástrofes‘. Y quizás haya ya algunos avances.

 

EL MAYOR TERREMOTO DE 2015

En Chile la tierra tiembla a diario. El estrecho y largo país está situado justo en el borde entre la placa de Nazca y la Pacífica; zona altamente sísmica. Por poner un ejemplo, el pasado miércoles 21 de octubre se registraron 20 temblores. Uno de ellos mayor a 5 puntos en la escala de Richter y otros seis mayores a 4.

La gran mayoría no son sentidos por la población y, si se notan, no se comienza a catalogar como terremotos si son menores a 7 grados. A partir de esa magnitud, se considera la denominación. Pero no sólo es una cuestión de nombre, sino también de actitud. La población chilena está acostumbrada a vivir en un país donde la tierra se mueve y puede sorprender por su virulencia en cualquier momento. De hecho, la calma y tranquilidad con la que actuaron los ciudadanos el pasado 17 de septiembre, cuando se registró el mayor terremoto de este año, un 8,4, sorprende; lo que se explica por la asiduidad de los temblores y por la preparación para saber cómo reaccionar.

El balance de ese 8.4 fue de 15 fallecidos, 24.770 damnificados y 5.000 viviendas destruidas o inhabilitadas, la mayoría casas de familias vulnerables (el terremoto de este 2015 de Nepal fue de 7.8. Sin embargo, la causa de los daños fue, mayormente, producto del tsunami menor que provocó el terremoto, pues no sólo el país está preparado psicológica, sino también técnicamente, con una de las certificaciones antisísmicas en las construcciones más exigentes a nivel mundial.

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