venerdì, Ottobre 22

Cataluña: ¿Una revuelta en otoño? La represión española divide a los partidos catalanes y parece haber logrado su objetivo: 'divide et impera'. Pero Cataluña no está desactivada, todo lo contrario. Hay un gran malestar entre los catalanes y las condiciones están dadas para que explote el polvorín

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La durísima represión española contra los separatistas catalanes ha surtido efecto. No todo el mundo se atreve enfrentarse a largas penas de prisión o a fianzas millonarias que arruinan patrimonios familiares. Con toda probabilidad, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos anulará las sentencias; pero el mal es ya irreparable. Algunos líderes que habían trabajado por referéndum de autodeterminación, ahora escarmentados, optan por hacer carrera política en el marco de una España centralizada y en una Cataluña que, hoy, tiene una autonomía de juguete. Por ello, tres meses después de las elecciones al ParlamentoCataluña sigue sin gobierno, con los partidos políticos enfrentados y la población decepcionada. En particular, los votantes independentistas están muy enfadados.

Una mirada miope por parte del gobierno español puede llevarlo a pensar que el problema catalán está desactivado. Nada más lejos de la realidad.
En primer lugar, porque desde que se rompió el pacto constitucional, (por intereses mezquinos del Partito Popular y por la ceguera del Tribunal Constitucional), a los partidos españoles les cuesta mucho encontrar apoyos parlamentarios por parte de los partidos catalanes; ello ha derivado en gobiernos muy débiles en la Moncloa. En segundo lugar, porque en Madrid no se dan cuenta de que el independentismo no nace de las élites dirigentes de Cataluña, sino de un sentimiento muy extendido entre la población. Si unos líderes decepcionan, serán apartados. Si unos políticos son encarcelados, se forjan nuevos liderazgos.
Y, en tercer lugar, porque hay un gran malestar en Cataluña. La pandemia ha impedido, en los últimos meses, que el malestar se manifestara en las calles. Pero ahora el confinamiento se acaba y acecha una situación económica muy complicada: es fácil que el polvorín estalle.

El señor Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo, dijo que esta entidad dejará de comprar masivamente deuda pública cuando la vacunación haya llegado al 70% de la población. Esto significa que, en otoño, España tendrá que hacer frente a una deuda pública cercana a los 2 billones de euros en los mercados de capitales. Es fácil adivinar que la prima de riesgo se disparará. Sólo que los tipos de interés lleguen al 5%, el servicio de la deuda supondrá un pago anual de cien mil millones de euros -sólo de intereses: más de la mitad de lo que cobran todos los pensionistas españoles -y el sistema de pensiones también es insostenible. La única forma de evitar la quiebra de España será a base de recortes drásticos en el gasto público y de aumentos brutales de la presión fiscal. Ahora mismo, Cataluña, sometida a una presión fiscal más alta que el conjunto de España, pero muy mal atendida desde el punto de vista de los servicios públicos y de inversiones, no soportará esta nueva depredación fiscal.

En 2007, un Presidente de Cataluña, José Montilla, socialista, nacido en Córdoba, alertó que el maltrato fiscal y político en Cataluña generaría una gran desafección de los catalanes hacia España. En Madrid no le escucharon, y todos sabemos lo que vino después.
Ahora no será una simple desafección.
Lo que puede llegar en otoño es una revolución. Y no la revolución de las sonrisas, como la describieron hace diez años. Ahora la mezcla de ingredientes será explosiva.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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