martedì, Maggio 11

Cataluña: de Macià a Puigdemont Han pasado noventa años desde la proclamación de la Primera República Catalana por Francesc Macià

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El 14 de abril de 1931, ante miles de personas que lloraban de emoción o reían de alegría, Francesc Macià pronunció unas frases históricas desde el balcón del Palau de la Generalitat, en la plaza Sant Jaume de Barcelona: «Proclamo el Estado catalán, que con toda cordialidad procuraremos integrar a la Federación de Repúblicas Ibéricas. Queda formado el gobierno de la República Catalana … dispuesto a defender las libertades del pueblo catalán y morir por ellas».

Atrás quedaban muchos años de luchas; la ruptura del coronel Macià con el ejército español después de que los militares reventaran las redacciones de los periódicos ‘El Cucut‘ y ‘La Veu de Cataluña‘; la entrada de Macià en política, encabezando una lista promovida por los agricultores de las tierras de la Segarra; la dimisión como diputado, vista la absoluta inoperancia de Las Cortes españolas; su apoyo a los movimientos obreros, que lograron, tras la dura huelga de 1919, la jornada de ocho horas; la creación, en julio de 1922, de Estado Catalán, el tercer partido político netamente separatista de Europa, después del Sinn Fein y del PNV; la huida por mar, de Llançà a Cervera, a remo, para evitar el encarcelamiento; el exilio en París, y luego en Bruselas; los diversos intentos para organizar un embate contra la dictadura de Primo de Rivera, uno de los cuales abortado por la delación de un nieto de Garibaldi antes de traspasar los Pirineos; juicios, encarcelamientos, retornos clandestinos y expulsiones del país; viaje relámpago a la Unión Soviética y un largo periplo por América Latina, en busca de apoyos y complicidades; el sufrimiento por la desunión de los catalanistas y las deslealtades de algunos presuntos colaboradores.
Finalmente, la dimisión de Primo de Rivera, la caída de la dictadura de España y el exilio de Alfonso XIII propiciaron la recuperación de la democracia: vuelta triunfal de Macià a Cataluña; preparación a contrarreloj de una candidatura para las elecciones municipales, y victoria inesperada del nuevo partido que había aglutinado la mayor parte de fuerzas catalanistas de izquierdas.

Casi al mismo tiempo que la República catalana, nacía la República española; su presidente, Niceto Alaclá Zamora, advirtió a Macià que había que hacer un gesto, una marcha atrás significativa para contener a los militares. La guardia civil y un batallón de infantería habían ocupado Gernika, en el País Vasco, y se preparaban para movilizarse contra Cataluña. Tres ministros catalanes se desplazaron a Madrid para calmar los ánimos y tratar de negociar un acuerdo. Regresaron con una promesa de Estatuto de Autonomía, que en la práctica se retrasó un año y que a la postre fue duramente mutilado; se perdía una magnífica ocasión para llegar a un acuerdo de libre asociación entre el pueblo catalán y el español. Macià cedió para evitar un enfrentamiento armado que habría acabado mal -como se comprobó con la guerra civil a partir de 1936.

La lucha por sus ideales, el fervor popular, la decepción por ciertas deslealtades, la proclamación de la república, la marcha atrás para evitar el derramamiento de sangre, el exilio, el reconocimiento internacional … cuántas similitudes entre la peripecia vital de Francesc Macià y la de Carles Puigdemont.
¿Llegará el día en que los conflictos territoriales se puedan resolver democráticamente y no por la fuerza de las armas y las amenazas militares?

Cataluña, un pueblo milenario, se lo merece.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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