martedì, ottobre 23

Cataluña: Continua el juego de las sillas Los independentistas tienen cada vez más prisa por investir un President y evitar las elecciones. Sustituyen a Sánchez por Turull, fuera de prisión y, por tanto, más fácil de investir

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Nuevo giro en el panorama político catalán. Jordi Sánchez, el candidato propuesto tras la imposibilidad de investir a Carles Puigdemont a distancia, abandona la carrera para ser investido President.

El candidato, en este momento en prisión por un presunto delito de rebelión durante el referéndum, ha comunicado al tribunal su voluntad de abandonar la vida política y volver a enseñar a la universidad, en un intento por conseguir la libertad condicional.

Tras este penúltimo movimiento, toca elegir un nuevo candidato. En un movimiento rápido y que lleva tiempo gestándose, se abre la bautizada como ‘Opción C’: todas las miradas apuntan a Jordi Turull, uno de los pesos pesados del Partido Democrático de Cataluña (PDeCat) de la época del Expresident Artur Mas. Turull era Consejero de Presidencia en el último gobierno de Puigdemont y está, como todos los consejeros, imputado, previo paso por prisión a finales del año pasado.

El president del Parlament, Roger Torrent ha anunciado esta mañana el abandono de Sánchez y da comienzo al proceso que conducirá a una posible investidura, todavía no anunciada oficialmente, de Turull como President de la Generalitat. El objetivo es fijar un calendario lo más apresurado posible y cumplir todos los trámites con rapidez para poder tener nuevo President para el Jueves Santo (29 de marzo), último día laborable antes de las vacaciones de Semana Santa.

 

¿Nos acercamos, por fin, a una investidura?

Ante este cambio repentino se abre un nuevo escenario. La sustancial mejoría es que, al no estar el candidato en prisión, la investidura se puede producir sin tener que hacer reformas o saltarse la ley. Aun así, con los números en la cámara igualados, la investidura de momento no conseguiría mayoría si no se resuelve una de las dos circunstancias que combinadas la bloquean, las posturas de la CUP y Puigdemont:

Por un lado, la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), aliado anticapitalista e independentista de Junts per Catalunya (JxC) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), ofrece solo la abstención, no los votos a favor. Para votar a favor, exige que se abandone el difícil equilibrio entre seguir con el procés y no romper del todo con Madrid y comience a desarrollar la República Catalana, proclamada el año pasado (o no, quién sabe).

Por el otro lado, Puigdemont y Toni Comín, exconseller de su gobierno, en Bruselas, mantienen su escaño y, al no permitírseles votar, restan apoyos a los independentistas. Con esos dos escaños, bastaría con la actual abstención de la CUP para vencer en la investidura.

La situación se plantea de esta manera, por tanto: o cede la CUP y vota a favor, o cede Puigdemont y abandona su escaño, rindiendo la última conexión que le queda al poder institucional en la región y quedándose, únicamente, con el cargo extraoficial y honorario de ‘President del Consell de la República’ en el exilio.

La incertidumbre continúa cubriendo el panorama político y todo dependerá de en qué desemboquen las presiones internas que con seguridad tendrán lugar en los próximos días.

¿Qué motiva este cambio de rumbo?

Lo que primero llama la atención de todo esto es por qué motivo pueden venir, en este momento, las repentinas prisas del bloque independentista. Hay tres factores en juego.

Primero, como apunta Esther Vera para Ara.cat, se deben principalmente a la presión cada vez mayor en los sectores independentistas por tener un gobierno (el que sea, pero ya) y dar fin a la aplicación del 155, mediante el cual Madrid continúa gestionando las instituciones catalanas 5 meses despùes del referendum.

Aun así, no se debe desdeñar el momento elegido: es posible que los independentistas quieran neutralizar, mediante una investidura en las vacaciones de Semana Santa, una posible reacción del Tribunal Supremo, que juzga la causa contra Jordi Turull y podría (estirando de nuevo sus facultades) ordenar su reingreso en prisión por riesgo de reiteración del delito (misma razón por que mantiene allí a Junqueras y a Sánchez) o, apoyado en la ley, ordenar una inhabilitación para ejercer cargos públicos, incluso antes de que se produzca el juicio.

La tercera circunstancia, y puede que la de mayor peso, es el peligro de la repetición de elecciones. La ley española prevé que si XX meses después de la primera sesión de investidura no hay un gobierno, deben convocarse automáticamente elecciones. Después de la investidura abortada de Puigdemont, Cataluña entró en el enésimo limbo legal que el procés ha provocado: no ha habido investidura oficial, luego no corre el tiempo. La cuestión ha sido elevada al TC, por los grupos de la oposición, y su fallo podría llevar a la convocatoria de elecciones. Ante esta situación y con los sondeos dándoles minoría en el Parlament, esto supondría un jaque mate definitivo para el procés independentista.

Sea cual sea el motivo, parece que el objetivo es ganar tiempo, una vez más, para el procés. El juicio del 1-O se espera que comience en no más de dentro de 7 meses, y a Turull le espera una inhabilitación casi segura, tras lo cual habría que elegir otro President. El momento clave del procés será ese, cuando comience el juicio.

Por ello, si consiguen investirlo, la actuación de Turull en los próximos meses será muy relevante. Toca, como en su día tocó a Puigdemont, ejercer de malabarista, condicionado por unas fuerzas independentistas con cada vez mayor disensión interna y cuya unidad puede saltar en cualquier momento. Tendrá que moverse entre las directrices de Puigdemont en Bruselas, con control sobre el grupo parlamentario y poder para hacer caer el gobierno, las presiones de la CUP por romper definitivamente con el Estado y abrazar la república y el miedo a otra reacción coercitiva del estado antes del definitivo desenlace judicial a finales de este año.

En resumen, continúa siendo imposible predecir absolutamente nada sobre qué pasará en Cataluña mañana, pasado mañana, dentro de un mes o dentro de un año.

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