giovedì, Dicembre 2

Cambio climático: Sic transit gloria mundi El cambio climático servirá para reducir la población humana a proporciones plausibles. Los historiadores del futuro lo describirán como un reajuste demográfico necesario

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Este es el segundo verano consecutivo que en el Círculo Polar Ártico se ha llegado, en varios días consecutivos, a temperaturas superiores a los 30º C. Jamás el teniente Jasper Hobson y la intrépida señora Paulina Barnett, protagonistas de ‘El país de las pieles‘ de Julio Verne, habrían imaginado algo parecido. El cambio climático ya está aquí y cada uno de nosotros ha hecho una notable contribución para provocarlo, empezando por los cazadores de la Hudson Bay’s Company, los primeros que colonizaron las regiones polares. Julio Verne retrató la crudeza de la depredación de la fauna de aquellas latitudes. Los expedicionarios de su novela se aventuraron al norte del paralelo 70 porque las manadas de animales salvajes se refugiaban cada vez más cerca del Ártico huyendo de la depredación humana.

El autor se recreó describiendo la laboriosidad y el ingenio con que una manada de castores construyen un dique para regular el cauce de agua de un río; clavan estacas de madera en el fondo del lecho y las entrelazan con ramas flexibles que luego tapian con arcilla compactada como pequeños balones. La forma arqueada del dique permite mantener un caudal constante de agua, lo que facilita la construcción de sus madrigueras: sólidas cabañas con gruesas paredes de madera y arcilla, con dos plantas; la inferior, para el almacén de provisiones, sumergida; la superior, para la vivienda del propietario y su familia.

El lector todavía está fascinado por el inteligente trabajo en equipo de los preciosos roedores,cuando en el siguiente párrafo se produce la matanza: centenares de castores caen abatidos en pocos minutos; sus preciosas pieles serán almacenadas en los depósitos de la Compañía y acabarán en los talleres de confección de la moda más selecta de las grandes ciudades de Europa; a la postre, darán esplendor a las señoras de la aristocracia más rancia.

La Hudson Bay’s Company fue una de las primeras corporaciones multinacionales capitalistas. Hoy, millones de animales salvajes son asediados por la vorágine capitalista. Un número mucho mayor viven hacinados en granjas y acaban en el matadero para satisfacer el apetito innecesariamente carnívoro de una humanidad sobredimensionada, insaciable e incapaz de contener su instinto depredador.
Los estudios científicos llevan más de veinte años alertando de la necesidad de cambios drásticos en la producción y el consumo humanos para evitar una catástrofe climática. Sin embargo, el consumo de carne, el comercio internacional de mercancías pesadas, el derroche de plástico, el abuso de calefacciones y aires acondicionados y el turismo de masas en coches particulares no se detienen. Es decir, seguimos contaminando, causando la extinción de miles de especies y martirizando cientos de millones de animales de granja. Pronto estará también en peligro nuestra propia especie.

El equilibrio ecológico se rige por leyes físicas y la tecnología no puede obviarlas: en definitiva,consiste en estabilizar el número de individuos de cada especie, compensando los excesos demográficos con la escasez de nutrientes. Los humanos hemos roto este equilibrio en los últimos doscientos años y la naturaleza se tomará el desquite. El cambio climático servirá para reducir la población humana a proporciones plausibles. Los historiadores del futuro lo describirán como un necesario reajuste demográfico. Esperemos que el tránsito sea leve y que el ecosistema sea menos cruel con la humanidad de lo que esta ha sido con el resto de las especies. El capitalismo habrá sido un extraño paréntesis en la historia de la biosfera. Definitivamente, sic transit gloria mundi.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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