domenica, Settembre 26

2021: libertad y reparación moral El humanismo ante la crisis del Covid-19

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El año 2020 será recordado como el de la primera pandemia global del S.XXI, que no la primera de la historia: hace cien años, la Gripe Española ocasionó millones de muertos entre la población civil y entre los veteranos que habían sobrevivido a la Primera Guerra Mundial; mucho antes, diferentes episodios de peste habían diezmado la población a lo largo de los siglos. La diferencia es que, en la Edad Media, estas epidemias eran entendidas como un castigo divino contra el que no había nada que hacer, salvo rezar, desfilar en procesiones y someterse a la penitencia para intentar calmar la ira del Cielo; en cambio, nuestra visión humanista nos lleva a interpretar el desastre actual en clave de fracaso -de la ciencia, del modelo productivo o del modelo social. Y por lo tanto, esperamos –exigimos! – de la ciencia una vacuna; del modelo productivo, una transformación respetuosa con el ecosistema; y en el terreno social, las medidas necesarias para paliar el sufrimiento de los más vulnerables. Ojalá tengamos éxito en los tres retos.

Sin embargo, el nuestro es un humanismo liberal injertado de capitalismo hasta el tuétano. Este liberalismo económico no busca el bienestar de todos, sino el individual o el de clase. Incluso en la época de las más añoradas socialdemocracias europeas de la segunda mitad del S. XX, el estado del bienestar tenía unos límites territoriales muy claros: la prosperidad de Europa se logró a base de expoliar los recursos de las antiguas colonias. Entonces y ahora, la vida humana tiene un valor demasiado diferente en los países occidentales y en los que solíamos llamar del tercer mundo. En el año 2020, cientos de miles de afroamericanos se han tenido que manifestar para recordarnos que la vida de los negros también importa.

Hoy, la angustia global por la Covid-19 convive con otras angustias que se padecen de una manera muy diferente a uno y otro lado del Mediterráneo. Al sur, la miseria empuja miles de hombres y mujeres a jugarse la vida en el mar para llegar al paraíso del norte. Y en el norte, donde resulta que el paraíso no es lo que parecía, no sabemos gestionar los flujos migratorios; y sobre todo, tememos que una gestión generosa de estos flujos vaya en detrimento de nuestro propio bienestar.
En muchos lugares, además, sufrimos un humanismo nacionalista, donde no hay margen para cuestionar el estado nación, sus intereses y sus privilegios. Las élites políticas no pueden soportar la idea de renunciar a su visión integrista y patrimonial del estado. Líderes políticos, magistrados de la judicatura y oficiales del ejército se aferran a ideas basadas en mitos discutibles; les horroriza la posibilidad de pasar a la historia como los dirigentes que permitieron la fragmentación territorial o la desnaturalización del sistema económico. Esconden sus inseguridades detrás de pretendidas convicciones, y se sienten impunes para castigar a los disidentes de la manera más injusta.

En este sentido, el año 2020 deja recuerdos para la vergüenza de la humanidad: el cautiverio y la represión injusta que han sufrido hombres nobles a causa de la lucha por sus ideales. Si hubiera un mínimo de justicia en este mundo, el 2021 debería traer la libertad y la reparación moral a Julian Assange y a Edward Snowden, luchadores por la transparencia informativa; al líder kurdo Selahattin Demirtas, ex copresidente del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), encarcelado desde hace más de cuatro años por el régimen de Erdogan, para quien el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos reclama la inmediata puesta en libertad; al economista y activista uigur Ilham Tothi, a quien el Parlamento Europeo distinguió con el premio Sajarov, y que cumple cadena perpetua en China; a los españoles Pablo Hasel, Dani Gallardo y Valtonyc, perseguidos por haberse expresado criticando la corrupción y la represión institucionales; y tantos otros hombres y mujeres injustamente castigados por regímenes autoritarios crueles.
Mis votos para que 2021 traiga la liberación de estas personas, así como de Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, presidentes de entidades culturales y activistas catalanas; de Carme Forcadell, Presidenta del Parlamento de Cataluña; y de todos los miembros de ese Gobierno pacifista y democrático que quiso llevar la libertad y la autodeterminación al pueblo de Cataluña y que hoy sufren prisión y exilio.
Buen 2021 tengan todos los lectores del ‘
L’Indro’.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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