mercoledì, Maggio 12

14 de febrero: tristes elecciones en Cataluña El próximo domingo hay elecciones en Cataluña. Dadas las circunstancias políticas y sanitarias, será una elección muy triste

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El próximo domingo hay elecciones legislativas en Cataluña. Eso que llaman la fiesta de la democracia será, esta vez, una fiesta lóbrega.

La última legislatura ha sido triste. Las elecciones anteriores no las pudo convocar el Presidente de Cataluñaexiliadosino que lo hizo el señor Mariano Rajoy, asumiendo unas competencias que la Constitución no le otorgaba. El Parlamento resultante de las urnas intentó investir el candidato Puigdemont, pero el Tribunal Constitucional lo impidió, negando la investidura telemática.
También
fueron abortados el segundo y el tercer intento de investiduras, con los candidatos Jordi Sánchez y Jordi Turull, entonces en prisión preventiva, hoy cumpliendo condena. Fue necesario recurrir a un cuarto candidato, Quim Torra, para poder investir un nuevo presidente.

Al principio de la legislatura, las instituciones catalanas estaban intervenidas por el gobierno de España; las leyes del Parlamento catalán han sido sistemáticamente impugnadas ante el Tribunal Constitucional; los servicios públicos catalanes han seguido mostrando deficiencias por falta de una financiación adecuada, fruto del expolio fiscal insostenible al que es sometido Cataluña desde hace más de treinta años.

Esta legislatura ha venido marcada por los constantes enfrentamientos entre los socios de gobierno; con los líderes encarcelados o en el exilio, los políticos que han ocupado su lugar han estado más pendientes de conseguir la hegemonía en el espacio independentista que de pactar una estrategia compartida ante la represión de los tribunales españoles.

El último año de la legislatura ha venidocondicionado por la pandemia y por ladisparidad de criterios entre institucionescatalanas y españolas a la hora de gestionarla.Con casi 20.000 muertes en Cataluña, sigue eltoque de queda a la 22 horas y confinamientosparciales de la población, con efectos muy nocivos sobre la economía y el empleo.

La legislatura se terminó de la manera máslamentable, cuando un tribunal inhabilitó elPresidente de Cataluña por haber colgado del Palau de la Generalitat una pancarta que reivindicaba la libertad de los presos políticos.La vacante en la presidencia generó una convocatoria electoral de oficio.

No parece buena idea celebrar las elecciones en plena ola de contagios; por ello el Parlamentocatalán hizo un decreto para posponerlas. Pues el mismo tribunal que había forzado la destitución de Torra también anuló este decreto, y encima, hainhabilitado el consejero Bernat Solé, a quiencorrespondía la organización de los comicios. La democracia queda desvirtuada una y otra por la intervención de unaJusticia tremendamente politizada.

Ahora mismo, a una semana de las elecciones, las dificultades para constituir las mesas electorales es enorme, dado que hay decenas de miles de alegaciones por parte de ciudadanos que no quieren ser vocales en los colegios electorales por miedo al contagio. No presentarse a la mesa electoral si uno ha sido convocado a formar parte de ella puede ser castigado con penas de prisión.

Por si fuera poco, la mayoría de los catalanes saben que estas elecciones no servirán para nada. Ni los independentistas confían en poder hacer efectiva la República Catalana (proclamada por el Parlament el 27 de octubre de 2017), ni los partidos españoles están dispuestos a reconocer la realidad nacional de Cataluña. Por lo tanto, una salida negociada del conflicto es hoy por hoy impensable, y el Gobierno español no tiene suficiente coraje ni siquiera para hacer una ley de amnistía para los presos políticos y los exiliados.

Muchos jóvenes, hastiados de tanta incompetencia, están llegando a la conclusión de que el sistema de partidos ha devenido totalmente inútil y propenso a la corrupción. No les falta razón. Con el sistema electoral que tenemos, los diputados son más deudores de los partidos que los ponen en las listas que de los electores. Decenas de miles de estudiantes desencantados con la política y pesimistas ante el futuro que les espera optarán por la abstención. Esta actitud, perfectamente comprensible, tendrá un coste terrible: facilitará la entrada de la extrema derecha en el Parlamento.
Tristes, muy tristes las elecciones del domingo, sea cual sea el resultado.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa

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